¿Quién se llevó el paralelo 10?

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Parte I

He tenido la curiosidad de saber si realmente la línea imaginaria del paralelo 10 norte atraviesa la Universidad Nacional. Esta inquietud me arrebató el sueño hace varios años, luego de descubrir, no sin el asombro de un egiptólogo empírico y extraviado, un monolito situado unos veinte metros al sur de la esquina de Copy Mundo, en terrenos de la Universidad. Dicen que en la cara del monumento, que miraba hacia la calle principal, había una placa donde se ilustraba a los paseantes y a los turistas con la indicación de que por allí pasaba, muy orondo, el paralelo 10. No alcancé a ver dicha placa, solo unos arañazos, que no eran copto, donde debió haber estado remachada la inscripción. Sin más remedio tuve que atenerme al rumor de la leyenda urbana. Se me ocurre que algún admirador se llevó la placa y ahora la tiene colgada en la pared del cuarto, o que simplemente alguien la quitó porque había un error de medición que algún GPS desnudó con precisión apocalíptica desde el cielo. En cualquier caso, el monolito se quedó ahí plantado. Por supuesto que alguien debe conocer la historia oficial.

Revisé varios mapas entre buenos y malos, y solamente en uno pareciera que el paralelo 10 efectivamente cruza la Universidad, exactamente por donde estaba el monolito. Escribo “estaba” porque ya no está, hace unos días una maquinaria niveló el terreno y removió el monumento geográfico, ahora es tan imaginario como la línea que marcaba.

Según el Google Earth, el paralelo 10 norte, pasa a unos ciento cincuenta metros al norte de Copy Mundo, antes de llegar al semáforo peatonal; si esto es cierto, y pudiéramos volar a poca altura hacia el este sobre el paralelo, pasaríamos frente al OVSICORI, continuaríamos por la calle de la Luna (por aquello de los cráteres) unos cincuenta metros, entraríamos en terrenos privados, y llegaríamos, ahora si, a la Universidad por el edificio del Archivo, lo atravesaríamos y seguiríamos hacia el parqueo que apenas lo toca, finalmente, si quisiéramos seguir volando, nos internaríamos en Jardines de Roma. Si Google tiene razón, algunos funcionarios de la Proveeduría o del Registro tienen su lugar de trabajo sobre el Paralelo 10 y lo cruzan de norte a sur y viceversa varias veces al día.

Pero no hay tal, resulta que el GPS Magellan le da la razón al monolito. En cuyo caso, son otras personas en la Universidad quienes están sobre el paralelo, pasa al lado de los nuevos edificios y por la Escuela de Química, sigue hacia el este por un barranco, pellizca los Jardines de Roma, y vuelve a entrar a la Universidad por el sector del CIDE.

Mojón del paralelo 10 Norte en la Universidad Nacional

Ubicación actual del mojón
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Es notable lo vieja que es la fotografía aérea obtenida con el Google Earth, si se observa pacientemente se descubre que en esa imagen aún se conservan muchos árboles que desaparecieron junto al monolito.

Existe la creencia de que en estos puntos, en este caso una línea, se da una interacción de fuerzas planetarias y conexiones causales que afectan la vida con buenas vibraciones. Habría que preguntarle a la gente que trabaja por ahí si sienten algún gozo extraño, si no tienen problemas, si son felices cada día. Para mí, es simplemente una particularidad geográfica, una sincronicidad del destino.

En Ecuador existe un monumento por donde pasa el paralelo 0, que divide la Tierra por la mitad, los turistas se toman fotografías con un pie sobre el hemisferio sur y el otro en el norte. Se puede hacer lo mismo en varios países que están en la línea ecuatorial. Al igual que los turistas que visitan Ecuador y se toman la foto, existen muchas otras personas en varios lugares del mundo que disfrutan de estas curiosidades.

Los paralelos tienen el encanto de ser únicos. Abrazan a la Tierra por donde quieran. Solo existe uno que la toma justo en la cintura: El Ecuador. No sucede lo mismo con los meridianos, cualquiera de estas líneas dividen el planeta por la mitad pasando por los polos. En el pasado las potencias mundiales querían arrogarse el privilegio de tener el meridiano cero recorriendo su jardín preferido, así, los franceses tenían el de París cuyas marcas aún se conservan en algunos puntos de la ciudad en los llamados medallones de Arago. Los españoles contaban con el meridiano de Salamanca, el de Teide en las Islas Canarias, el de Cádiz, el de Madrid, al final los ingleses, debido a su poderío naval, se impusieron en los mapas con el meridiano 0 mejor conocido como Greenwich. Injusto, porque los franceses midieron un segmento de su meridiano a finales del siglo XVIII, desde Dunkerke hasta Barcelona para heredarnos el metro y medir el mundo. Aparte de ser más poético que el meridiano 0 pase por París. Sin duda todos estos meridianos tienen sus monolitos y las inscripciones respectivas.

***

Un amigo, a quién conozco desde los remotos tiempos de la escuela, vive fascinado con los paralelos y los mapas del siglo XVII. Debido a su ingenio se enriqueció rápidamente vendiendo hierbas aromáticas de dudosa reputación. Al enterarse de que ya no podía comprar más favores para mantenerse del lado virtuoso de la ley huyó a Africa con un dinerillo. Una madrugada me llamó desde un bar en Dar es Salaam en Tanzania para que lo aconsejara, quería comprarse una finca en Malawi junto al lago, medio dormido le conté una historia, creo que lo embrujó por que me dió mil bendiciones, colgó y no tuve noticias de él hasta un año y medio después cuando me volvió a llamar desde el mismo bar, más o menos a la misma hora y un poco ebrio, para pedirme que lo visitara.

Compró una finca y construyó un palacete en las faldas del Monte Kenia en Kenia, en un lugar llamado Man’go’zeele, que según él, en swahili[1] antiguo significa mango cele. Las construcciones incluyen, además de la casa de unos quinientos metros cuadrados, tres piscinas, el aeropuerto, y un enorme gallinero (no sé como llamarlo) donde conté más de ochenta avestruces de ambos sexos. Pero lo más exótico de aquel paraíso terrenal eran, en este orden para mi gusto: la cancha de fútbol, la de tenis y la cama matrimonial. Ahora les cuento porqué.

La línea ecuatorial, es decir el Paralelo 0, cruza por la mitad la finca en Man’go’zeele, mi amigo levantó todo en función de la línea imaginaria, la raya que divide la cancha de fútbol en dos está exactamente sobre el Ecuador, un equipo defiende su terreno en el hemisferio norte y el otro en el sur, y con la cancha de tenis sucede lo mismo, la net está sobre el Ecuador, cuando hay un juego la pelota va y viene de un hemisferio al otro. El colmo de tal paranoia geográfica lo coronó al colocar la cama matrimonial de tal forma que él administra el costado sur y su esposa el norte, exceptuando ciertas circunstancias donde se invaden mutuamente, dependiendo del estado de ánimo.

La historia que le conté la primera vez que me llamó por teléfono, desde el bar L’aoya en Kipepeo en las afueras de Dar es Salaam, fue la del monolito[2] de la Universidad Nacional mezclada con otra de un magnate que había comprado una finca en el Paralelo Cero en Kenia.

***


[1] En el interminable viaje de regreso de Nairobi a Amsterdam con escala en Khartum conocí a una bellísima keniana que hablaba swahili, me contó que en ese dialecto mango se dice embe, señor es bwana, pollo es kuku y gracias es asante. Para ella Man’go’zeele no significaba nada. Según La Real Academia de la Lengua la palabra cele solo se usa en Costa Rica.

[2] Donde quiera que esté ahora el monolito de la Universidad, por ahí también pasa un paralelo y un meridiano.

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