¿Volverá el olor de las flores?

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Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.
Jorge Luis Borges (1899 – 1986)

Tengo mis ideas, bastante particulares por cierto, acerca de los Agujeros Negros (AN). Además, para dilucidar el propósito, no creo que se vayan a molestar los físicos teóricos o quien sea por estas divagaciones cósmicas. Considero que ni son agujeros ni son negros, me los imagino como remolinos en varias dimensiones atrapando lo que se atreva a acercarse, incluyendo la luz, el tiempo y los recuerdos, curvando el espacio como lo razonó en sus tardes de angustia Albert Einstein.

Los AN son poderosísimos y hambrientos monstruos, mi tesis es que en el centro de cada galaxia existe uno grandote ejecutando un contrapeso a la expansión. Voy a profetizar la existencia de otros AN dispersos dentro de las galaxias con idénticas intenciones: devorarla. En algún instante soberbio se detendrá la expansión vencida por esos sumideros voraces. Luego los grandes AN se tragarán a los pequeños y al final un depredador galáctico ganará su respectiva batalla. Análogo fenómeno sucederá en cada galaxia y el Universo será una guerra de AN buscándose.

La expansión se invertirá y llegará a reinar un único AN: un infierno comprimido. En ese horno sideral y en apariencia apocalíptico se cocinará de nuevo el huevo cósmico. Todo reunido en un breve volumen estrujándose hasta que otra vez se produzca el Big Bang. Claro está: Primero Dios.

Posibilidades. Acaso, de alguna manera consecuente, estamos condenados “a la versión estoica ortodoxa del eterno retorno”. Quisiera pensar que volvemos para vivir otras vidas en épocas diferentes o para cambiar en los momentos en que nuestro destino nos colocó frente a la inesperada posibilidad de escoger entre dos caminos. Cada bifurcación nos enfrenta a otro horizonte y a descifrar otra ilusión.

Me provoca el universo oscilante de Yakov Zeldovich. Según su extraordinaria imaginación habitamos un cosmos cíclico, nace (con el big bang) y muere (con el big crunch). Como canta Serrat: “Otra canción, otra ilusión, otras cosas”.

Con un universo repitiéndose perennemente surgen tantas posibilidades. En otros tiempos hubiera terminado en la hoguera por alimentar estas debilidades. Sería muy aburrido que sucediera lo mismo, por ejemplo, que esta especulación la haya escrito en cada regreso. Me parece más interesante, al volver en la siguiente ocasión, hallar una trama diferente. La magia de la vida consiste en la diversidad, cada criatura es diferente. Me resisto a creer que Dios lance los dados y la libélula siempre sea libélula. En algún universo en el pasado o en el futuro el libreto será como lo envidio ahora. En uno seré Poggio Bracciolini en la corte de Nicolás V, en otro, el amante de Lady Chatterley, luego bailaría por un sueño con Nicole y en alguno navegaría como el pirata cojo tras ella. Que extraño cuando, inevitablemente, me corresponda encarnar a mi enemigo.

Zeldovich concibió el universo oscilante para eliminar de las ecuaciones de la relatividad la constante cosmológica que Einstein forzó para evitar la expansión que le arrebataba el sueño. Prefiero la idea de Zeldovich por las posibilidades y la belleza.

Si así fuera, volverán las súper producciones bíblicas con Adán y Eva, volverán los árboles que hemos despreciado, los ríos que hemos contaminado, estrenaremos capa de ozono. Volverá el olor de los trenes a Heredia. Volverán los dinosaurios y las luciérnagas, el canto de los pájaros y el aroma de las flores. Aquel atardecer con Laura en Nosara y la sonrisa de un niño. Volveré, aunque sin éxito, a escribir un haiku. Y volveremos, inexorablemente, a perpetrar los mismos errores.

Tampoco mis ideas van a revolucionar la Física Teórica, ni me vanaglorié porque recién descubrieron un AN en el centro de nuestra galaxia, rodeado por un enjambre de jóvenes estrellas que pronto caerán en sus redes. Si en el futuro hallan más AN en el centro de sendas galaxias, una posibilidad sería prepararnos para regresar.

La hipótesis del universo oscilante ha sido desechada por varios científicos, debido en esencia a que las sucesivas recreaciones contradicen la segunda ley de la termodinámica: la entropía aumentaría en cada regreso, en otras palabras, cada vez habría más desorden. Los entusiastas que defienden la exótica Teoría de Cuerdas también la cuestionan.

Quizá una conclusión sea: cualquier regreso trae entropía, entonces sería sano no volver. Convertirse para siempre en polvo de estrellas.

Felipe Ovares Barquero

Esta columna se publicó en el Suplemento Cultural No. 83

de la Universidad Nacional, gracias a mi querido amigo Rafael Cuevas Molina.

10 de junio de 2009

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