El libro de Néstor

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En el año 1955, durante la guerra civil
y como yo era baboso y pelotero,
pues todavía creía en los políticos,
me enredé en el conflicto.
Néstor Zeledón Guzmán de su cuento El macho.

Luego de la respectiva consulta en las oficinas de la Editorial Universitaria (EUNA), me dijeron que el libro estaba agotado. Dieciocho años después vuelve a salir. Con la segunda edición la EUNA premia la labor creativa, desde la perspectiva literaria, de mi querido amigo el artista Néstor Zeledón Guzmán. Un hombre imprescindible.

“Cuentos y relatos del camino” el libro de Néstor está de nuevo a la venta. Lo compré esta semana, principios de marzo, jacarandoso y veraniego, a un precio especial de tres mil colones. Vale un poquito más pero sigue siendo asequible. Casi nada por un libro maravilloso, no solo por la sencillez de los relatos, sino también por los encantadores dibujos, que desde la portada, ilustran el libro, pintados también por Néstor. Entonces la obra son dos en una, la colección de cuentos que nos evocan el Guanacaste profundo y lejano, y las ilustraciones.

Aquella tarde, tres años atrás, en su casa-taller-museo, en Barva de Heredia, cuando Néstor nos contó que tenía un libro de cuentos publicado por la EUNA la sorpresa fue enorme, conocíamos sus otras virtudes: pintor, escultor, ex combatiente de guerras olvidadas, ex mejenguero, ex billarista, coyote con moto que da envidia, pero el Néstor escritor tuvo que firmarlo mostrándonos el libro. Primera edición. 1992. Al día siguiente fui a buscarlo. Agotado, a pesar de hallar su ficha digital en Internet en el catálogo de la EUNA, no fue posible conseguir un ejemplar para comprarlo. Ahí leí, en la ubicuidad de la red, lo siguiente entre los datos que aún hoy ilustran la primera edición:

“Néstor Zeledón Guzmán, artista de la plástica, maestro de la gubia y el formón, del soplete, el lápiz y el cincel, afanoso explorador de otros medios que amplifican su acto creador, intérprete de la vida y la sociedad, pone en nuestras manos, un tanto tembloroso, sus primicias literarias esmaltadas de lenguaje local y agilidad narrativa. En esta obra se manifiestan narraciones de sobrios y firmes trazos, rápidas, humanas a flor de línea, cósmico costumbristas, de lenguaje preciso y aprovechado”.

El precio fue parte de las sorpresas. Tan sólo ¢ 400.00 o $ 1.50. Quería leerlo. Lo conseguí a préstamo en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras. Hicimos un par de “clones”, clandestinos por aquello del TLC, nos costaron cinco mil colones cada uno. Y luego, aunque ustedes no lo crean, Néstor tuvo la gentileza de autografiarlos.

Conversando con mi querida amiga Alexandra Meléndez de la Editorial, ella se comprometió, hace poco más de un año, a publicar la segunda edición. Ya está a la venta en un nuevo formato. Más cómodo, más libro. Da gusto tenerlo entre manos. La portada es una pintura cuyo original, cuando visiten a Néstor, la hallarán colgando en una de las paredes, entre otras maravillas.

El miércoles 3 de marzo la otra universidad, la que educa, la que cultiva, la digna de los impuestos que pagamos todos, esa otra UNA que apreciamos, se encargó de hacer un pequeño convivio para presentar la segunda edición del libro de Néstor. Alexandra, Hazel y Dora y cuatros gatos, sus amigos, tuvimos la suerte de escuchar el testimonio que dejó otro amigo de siempre: Gerardo Martí que en boca de José Rubí nos presentó el libro y al autor. Luego llegaron las palabras nerviosas de Néstor. Como sus esculturas: un hombre de una sola pieza. Ojos claros, cabellera rebelde y gris, manos grandes. Pequeño pero grande, muy grande.

Gracias a la otra UNA por estos actos maravillosos que nos hacen soñar con esa UNA que queremos. La UNA ejemplar. Gracias Alexandra por hacer posible ese reencuentro con un libro necesario.

Así firma el final del libro Néstor, en su finca. Allí lo terminó, al contrario de sus esculturas, las empieza en ese lugar mágico y les da, según sus palabras “el botellazo final” en Barva. Gracias Néstor por el abrazo sincero.

Finca Los Carules
Loma Bonita
Quebrada Honda
Nicoya
1991

Felipe Ovares Barquero
Tejiendo bufandas,
con orgullo, me gano el pan de cada día.
10 de marzo de 2010

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