Beryl García

site hit counter

Grande y blanca,
despertando la noche,
es su sonrisa.

1

Naturalmente, un manuscrito

Umberto Eco, sospecho, imitando el prólogo de los Tres mosqueteros de  Alejandro Dumas, se esconde tras varios velos para decirle al lector que su novela “El nombre de la rosa” la escribió alguien, un oscuro monje quizá. Así, confiesa más tarde, puede bajo ese anonimato contar pues “me da vergüenza contar” y se coloca la máscara que le da la seguridad anhelada por cualquier narrador novato: “yo digo que Vallet decía que Mabillon había dicho que Adso dijo…” [1].

Tal podría ser ahora el caso. Este pequeño manuscrito me lo obsequió, tan sólo unos días antes de morir, mi querida amiga la escritora nicoyana Evita Lozano. Ya les había mencionado de su muerte temprana por la cirrosis antes de arribar a los treinta. Aquella tarde, allá en Vigía, tomó un libro grande, era una colección de mapas antiguos salidos de la imprenta de Willem Blaeu y me lo obsequió. Ella sabía de mi afición por la cartografía antigua. Enredado en sus páginas descubrí, meses después, este manuscrito firmado por un tal Oscar Rojas C.

Agrega Dumas en el prólogo de Los tres mosqueteros: “El descubrimiento de un manuscrito completamente desconocido, en una época en que la ciencia histórica es impulsada a tan alto grado, nos pareció casi milagroso. Por eso nos apresuramos a solicitar permiso para hacerlo imprimir”[2].

2

El manuscrito, verano en Londres

Religiosamente, durante los dos meses que pasé en Londres, entre vacaciones y conferencias inverosímiles, publiqué en The Times, cada día, un brevísimo aviso económico: “Busco a Beryl García. Tel. 555-6960-3101”. Así, en español. La sección allá la llaman “Classifieds”. Mis dos líneas, para evitar el morbo británico o la flema inglesa, similar a la nuestra, no las quise colocar en “Dating” un apartado para encuentros casuales o citas clandestinas, que también las hay. Preferí “Property Finder”, fue un acto guiado por una corazonada, nada más. Allí apareció el pequeño anzuelo, “entre dietas para obesos, chismes y falsos profetas”, durante esos días del breve verano inglés. Un dineral, me bajaron dos guineas, por una aventura antojadiza y frívola, de la cual no esperaba una buena pesca. Para ser honesto no esperaba nada, tan sólo dejar una impronta de misterio en el diario británico. Sin embargo en eso consiste el viejo arte de atenerse al azar: lanzar las cartas y esperar un full de primera mano.

Llegué puntual, como el venerable Sol al último crepúsculo de la estancia, 21 de junio, solsticio de verano en el norte. Final de viaje. Entonces la sorpresa tocó a mi puerta, anotado en metáfora, pues flotaba entre el humo de los cigarrillos, en el fondo del bar del hotel, acariciando un sudoroso vaso exuberante: ron con coca, chorrito de soda, gotas de limón y pellizco de sal. Era ella. Aún no lo sabía al verla venir. Se acercó, casi al oído, pues recuerdo el olor ingrato de su Coco Mademoiselle de Chanel, me susurró: “García”, pausa premeditada y en seguida. “Beryl García”. Así, al más puro estilo inglés de Bond el 007 de su Reina Madre, me reveló su identidad y una sonrisa grande y blanca despertó la noche. Pasaporte canadiense auténtico. Sentí, al contacto con sus ojos color cobre oxidado, licencia para matar si no le revelaba el secreto de aquella convocatoria.

3

Conan Doyle

En 1978 leí la novela de Arthur Conan Doyle “El sabueso de los Baskerville”, escrita entre 1901 y 1902, entonces no conocía al inspector José Trinidad de los Dolores Sáenz-Vásquez de Quintanilla, primo lejano, cuyo segundo apellido no recuerdo si es Ly o Lee, pues su madre es china. Fue a él, muchos años después, a quien le consulté por la misteriosa conexión Doyle – Costa Rica. En un delicioso artículo escrito por Humberto Jiménez Madrigal y publicado por el periódico La Nación en su revista dominical del 21 de febrero de 2010 se hace referencia al extraño caso de Costa Rica y Sherlock Holmes. La lectura desempolvó en mi memoria las pesquisas emprendidas por Sáenz mientras estudiaba psicología en una universidad londinense, cuya tesis doctoral versó sobre las verdaderas causas de la muerte del pionero de la computación Alan Turing. Fue la lectura de ese documento lo que me llevó a buscarlo para acabar conversando acerca de las novelas de investigación citadas en cada capítulo de su trabajo. A él también le sorprendieron las referencias de Costa Rica en la obra de Conan Doyle. Fundamentado en las pláticas con el Inspector Sáenz hago la siguiente relación, declaro que solo estoy recordando una añeja charla que no debería ser considerada como un estudio serio. Agregaría sin tapujos considerarla, más bien, como un juego de seducción literario y sentimental. Uno de esos ensayos escritos por mera diversión.

Trinidad Sáenz quiso juntar los cabos sueltos para intentar dar con alguna conexión fiable que le permitiera sustentar las razones verdaderas por las cuales Conan Doyle usó a Costa Rica en sus relatos sin haber estado jamás en este lugar. Doyle era médico de profesión, se graduó en la Universidad de Edimburgo, allí estudió de 1876 a 1881. Sáenz buscó a costarricenses que pudieran haberse relacionado con Doyle, el ex presidente Montealegre afincado en Edimburgo no puedo haber sido, el tico estuvo en Escocia varias décadas antes de la llegada de Doyle. Una posible, pero en extremo, débil conexión sería Carlos Durán Cartín estudiante de medicina en Londres en 1874. “Débil, muy débil”, según las palabras de Sáenz que no logró hallar a otros ticos vinculados con Doyle.

La otra conexión que también puede calificarse como débil tiene el encanto del misterio, la novela negra y una investigación voluminosa por parte del Inspector Sáenz cuya pronta publicación, según sus palabras, desvelará el misterio. La última vez que conversamos de este tema fue en el Tobogán, un salón de baile josefino frecuentado por él los viernes en la noche. En esa ocasión, entre recesos de la orquesta, me confesó la finalización de esa novela titulada “La bella de Guanacaste”, era la culminación de sus pesquisas relacionadas con el caso Costa Rica – Doyle. La alambicada conexión la cree haber hallado en Edgar Allan Poe. En su “Relato de detectives”, Sir Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, lo confiesa así: “si cada autor que ha utilizado una idea de Poe contribuyese con una libra a su mausoleo, este sería más grande que la pirámide de Keops”. Su detective aficionado Auguste Dupin es antecesor directo de Sherlock Holmes, Hercules Poirot, y tantos otros. La pareja Holmes – Watson revive, con estereotipos emperifollados, hasta nuestros días, basta darle una ojeada a la trilogía Millenium de Stieg Larsson para encontrarnos al dúo Mikael Blomkvist – Lisbeth Salander. Para mi querido amigo el inspector Trinidad Sáenz la influencia de Poe en Conan Doyle es enorme, el padre de Holmes no sólo leyó su obra, la estudió y también recaló en quienes pudieron haber marcado al creador de “Los crímenes de la Calle Morgue”.

Aunque sus pruebas son honestas. Donde el hilo especulativo de Sáenz se vuelve más delgado, pero a la vez más literario e interesante es cuando relaciona a John Lloyd Stephens con Edgar Allan Poe, este nexo en efecto existió. Poe revisó y corrigió tres volúmenes de viajes escritos por Lloyd para la New York Review and Graham’s Magazine, de la cual era editor. La lectura de estos libros, y probablemente de otros de Lloyd, le causaron a Poe gran impresión. Trinidad sospecha que Doyle acabó leyendo también la obra de Lloyd buscando el rastro de la influencia de éste en Poe y terminó atrapado en un mundo mágico que luego, juntando otras ideas, lo llevaría a escribir su novela “Un mundo perdido” (1912). John Lloyd Stephens escribió varios libros de viajes, entre los que se destaca para las investigaciones de Sáenz “Incidentes de viaje por Centro América, Chiapas y Yucatán”[3], en especial el relato de su paso por Costa Rica en 1840 cuando gobernaba, de facto, Braulio Carrillo Colina. El inspector Trinidad Sáenz, en su larga especulación, sostiene que Poe buscó temas para escribir la segunda parte de su única novela “La narración de Arthur Gordon Pym” pero la muerte lo alcanzó a los 40 sin escribirla. La tarea quedaría para otros escritores.

4

La conexión Crichton

Según Sáenz la investigación a menudo goza de los extraordinarios golpes de la suerte. Dice para sostener su razonamiento: “Un investigador sin suerte no es un buen investigador”. En Puntarenas conoció a Michael Crichton en una soda cerca del muelle. El encuentro fue una simple casualidad, Trinidad estaba en compañía de una amiga, disfrutaban de un Churchill cuando Michael se acercó a preguntarles por el nombre del llamativo postre, le sonó tan extraño que les solicitó una explicación. Luego conversaron casi dos horas. Michael, antropólogo y médico, llevaba entre manos la novela de Conan Doyle “Un mundo perdido”[4] les reveló su pasión por el creador de Holmes, no sólo había leído su obra completa, la había estudiado durante varios años. Sáenz le preguntó por la conexión Doyle – Costa Rica, que le incomodaba desde sus tiempos de estudiante y bohemio en Londres, y él le respondió en seguida que sin duda venía del vínculo John Lloyd Stephens – Edgar Allan Poe – Conan Doyle que ya Sáenz intuía. Estaba seguro de que este último había ejercido gran influencia en Conan Doyle. Michael Crichton le confesó la lectura del libro de viajes por Centro América de J. L. Stephens. El inspector Sáenz también había leído esas narraciones y recordaba a una mujer bonita de Guanacaste que describe con pasión.

Sáenz, me confesó aquella noche en el Tobogán, su convencimiento de que la mujer referida en la novela de Arthur Conan Doyle “El sabueso de los Baskerville” es Josefa Elizondo que John Lloyd Stephens describe en su libro de viajes por Centroamérica así: “La joven no tenía una belleza uniforme, pero los ojos y la boca eran preciosos, sus modales muy diferentes del aire desmañado y encogido de sus paisanas, y su saludo se parecía tanto a la franca y fascinadora acogida que una muchacha de mi país hubiese dispensado a un amigo después de una larga ausencia” más adelante la llama “la bella de Guanacaste”. Conan Doyle describe a una mujer en “El mundo perdido” así: “me detuvo súbitamente una mujer pequeña que salió de una habitación que luego resultó ser el comedor. Era una dama despejada, vivaz, de ojos negros, que por su tipo parecía más bien francesa que inglesa”. En “El sabueso de los Baskerville” Doyle escribe lo siguiente: “se casó con Beryl García, una de las beldades de Costa Rica”. La pregunta obligada, según Sáenz, es: ¿Cuánta gente escribía de beldades ticas en el siglo XIX? Entre 1841 y 1871 la casa Harpers hizo doce ediciones del libro de J. L. Stephens, la última se reimprimió once veces. Tuvo que haber sido un libro de viajes muy popular cuya lectura debería ser casi obligatoria para quienes deseaban escribir novelas de aventuras.

Trinidad Sáenz, a pesar de creer en los sobresaltos de la suerte, es un erudito tremendo, basta darle una ojeada a sus desordenada biblioteca para darse cuenta que no existe suerte sin un durísimo trabajo de investigación. Los estantes están repletos de revistas relacionadas con Sherlock Holmes y su creador. Recuerdo entre tantas: The Baker Street Journal: An Irregular Quarterly of Sherlockiana. The Baker Street Journal Christmas Annual. The Baker Street Journal.

Él sospecha incluso que una breve descripción que J. L. Stephens hace de Guanacaste coincide con los tristes y solitarios páramos donde Doyle ambienta su novela “El sabueso de los Baskerville”.

Sigo creyendo que la relación es débil, pero Sáenz publicará pronto su novela en la cual, me imagino, revelará los secretos. Eso espero.

5

La bella de Guanacaste

En esta nota tomada de Wikipedia también se habla del encanto y fascinación que producía “La bella de Guanacaste”, los hechos sangrientos aquí narrados sucedieron dos años después de la visita de John Stephnes Lloyd a Costa Rica.

“Manuel Ángel Molina Bedoya fue un militar guatemalteco, hijo del doctor Pedro Molina Mazariegos y doña María Dolores Bedoya de Molina y hermano de los eminentes diplomáticos Felipe Francisco Molina y Bedoya y Luis Molina y Bedoya. Emigró a Costa Rica junto con su padre. En 1842, siendo Jefe de Estado de Costa Rica el general Francisco Morazán, Manuel Ángel Molina Bedoya participó en un confuso episodio en el departamento de Guanacaste dirigido a raptar a la señorita Josefa Elizondo, apodada la Bella del Guanacaste, que había sido su prometida, pero el intento fracasó. Los amigos de Molina dirigieron entonces un golpe en la ciudad del Guanacaste (hoy Liberia) para apoderarse del mando militar de ese departamento y lo proclamaron Comandante. Poco después, sin embargo, sus adversarios se apoderaron de la comandancia y Manuel Ángel Molina Bedoya fue sometido a consejo de guerra y condenado a muerte. Su padre solicitó a Morazán que le perdonase la vida, pero la petición fue denegada, y tampoco se permitió que acompañase a su hijo en sus últimos momentos. Manuel Ángel Molina Bedoya murió fusilado en Puntarenas, Costa Rica, en 1842”.

Aunque no consta en el texto anterior cita alguna, para Sáenz, se trata de una adaptación de los hechos recopilados por el historiador Francisco Montero Barrantes en su obra “Elementos de historia de Costa Rica” (1892), contados también por el historiador guatemalteco Lorenzo Montúfar y por otros tantos. En su libro “Morazán en Costa Rica” el historiador alajuelense Ricardo Fernández Guardia en un texto titulado “El rapto de la señorita Elizondo” escribe una hermosa relación histórico-literaria de estos sucesos.

6

Encuentro en Londres

La inesperada cita con la dama en Londres fue una sorpresa. Alguien le comunicó la publicación del extraño texto en The Times. Beryl García era su seudónimo en un club de admiradores de Sherlock Holmes en Canadá llamado The Adventuresses of Sherlock Holmes (ASH). Era bibliófila y amante de las novelas de misterio, crimen, detectives y espionaje. No era a ella a quien esperaba, me imaginaba a una nieta o bisnieta de alguien cercano a Conan Doyle. Sin embargo, resultó revelador un dato, me contó que tenía un libro de J. L. Stephens que había pertenecido a Doyle. Eso era un enorme descubrimiento, la conexión Stephens – Doyle quedaba establecida, y para acabar dándole la razón al inspector Sáenz se trataba del libro de los viajes por Centro América. Le conté mis pesquisas acerca de Beryl García. Ella nunca se había preguntado por el origen de aquella mujer, ni siquiera se imaginó que pudiera basarse en una mujer real. Me prometió hacer una investigación. Nunca más la volví a ver. Un cáncer acabó con la vida de la Beryl García que aquel final del verano me obsequió The Times. Algunos meses después de la desaparición de la nueva Beryl, llegó un paquete a mi dirección postal en Heredia. Contenía el libro de J. L. Stephens con el ex libris de Doyle. Al instante se me ocurrió buscar el capítulo en el cual hace referencia al paso de Stephens por Guanacaste. Imaginen el sobresalto al hallar la descripción de la señorita Josefa Elizondo subrayada y con una brevísima anotación al lado: Beryl García.


[1] Tomado de “Apostillas al Nombre de la rosa” de Umberto Eco.

[2] Los Tres Mosqueteros fue publicada por primera vez en entregas para la revista Le Siècle entre marzo y julio de 1844. Dumas afirmó que para su novela se basó en manuscritos que descubrió en la Bibliothèque Nationale. Se comprobó que Dumas usó para su trabajo en el libro “Mémoires de Monsieur d’Artagnan, capitaine lieutenant de la première compagnie des Mousquetaires du Roi” por Gatien de Courtilz de Sandras (Cologne, 1700). Este libro fue prestado por la biblioteca pública de Marsella, y la ficha de préstamo permanece hasta hoy día.  Dumas nunca lo devolvió.

[3] Lloyd, John Stephens. Incidentes de viaje en América Central, Chiapas y Yucatán, Vols. 1 y 2 (1841).

[4] Con el alias Jeffery Hudson, Michael Crichton escribió “Un caso de urgencia”, por este trabajo obtuvo el Premio Edgar Allan Poe a la Mejor Novela en 1969. Michael Crichton escribió “Un mundo perdido”, no sólo tomó el nombre de la novela homónima de Arthur Conan Doyle, sino también varias ideas, por ejemplo, la búsqueda de animales prehistóricos vivos en un lugar de América del Sur.

Felipe Ovares Barquero
Sábado 7 de agosto de 2010

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s