El síndrome de Irineo

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Atribulado por el olvido perenne que desde hará unos años, no muchos, decidió conspirar contra mis recuerdos para administrarlos a su antojo, visito a mi querida amiga la psicóloga y neuróloga israelí Eva Sión. Me urge su diagnóstico. Es breve. Me acorrala con un cuestionario, ideado en el hospital de una universidad de los arrabales de Tel Aviv, me dio el nombre pero lo olvidé. Conclusión: principio de Alzheimer, amnesia in crescendo. Eso de olvidar que un segundo atrás activé la alarma del carro es un presagio de otros olvidos más funestos. Olvidar, por ejemplo, donde vivo. Recuerdo (1), palabra maravillosa en estos sucesos, en dos ocasiones haber olvidado la calle donde vivo.

Conversando llegamos a otras conclusiones. Una de ellas: sería peor no olvidar nada. Y recuerdo, por dicha, a Irineo Funes en el cuento de Borges. Le hago, a Eva, una relación sucinta pues no lo conoce. Se sorprende. Busca entre sus ordenados papeles un estudio de la Universidad de California en Irvine acerca de los extraños casos de algunas personas en Estados Unidos que recuerdan todo. Los expertos le han llamado “Hipermnesia”(2) Y para redondear la sorpresa, ahora soy yo el sorprendido, me cuenta de un pequeño pueblo en Macedonia (3), cercano a la frontera griega, cuyo nombre no se ha querido revelar para no causarles molestias a los vecinos. Me ilustra así: “Ahí todos recuerdan todo”. Sin duda una sentencia borgiana, funesta.

Todo empezó en 1859, cuando un maestro de la escuela local, angustiado por los malos resultados de sus estudiantes en los cursos memorísticos, decidió realizar cada año un certamen de recuerdos. Participaría quien así lo quisiera. El torneo, con el paso de los años, se emparejó demasiado. Tanto que en 1953 hubo un empate en el primer lugar. De los 373 pobladores, tan solo dos fueron eliminados, los restantes 371 no pudieron derrotar ni ser derrotados. Ni los más intrincados algoritmos lograron romper el desempate. La historia casi se repitió en los tres sucesivos certámenes, el empate incluyó a todos los pobladores. En 1957 no se convocó, los vecinos habían alcanzado el privilegio o la desazón de no olvidar nada. Todos recordaban todo. El evento perdió interés y no se volvió a llevar a cabo, sin embargo, por cuestión cultural, según ellos, o por genética, para algunos expertos, los macedonios de allí heredan, sin proponérselo, a sus hijos los recuerdos. Así como aprenden a leer y a escribir, también aprenden a recordar lo que recordaban sus ancestros y a archivar sus propios recuerdos.

Para Eva, padecen el Síndrome de Irineo, como ella lo llama ahora que Borges la cautivó. Un niño puede recordar lo que le sucedió a su bisabuela el domingo 14 de marzo de 1926. En el estudio se incluye el testimonio de los 23 pequeños de la escuela del lugar. Una de ellas, la menor del grupo, recuerda esa fecha así: Mi bisabuela está sentada sobre las arenas de la playita de Star Dorjan, junto a mi bisabuelo, él le está contando los recuerdos de la Tercera Batalla del Lago Dojran, sucedida el 18 y 19 de setiembre de 1918. “Miércoles y jueves” apunta ella. En esos días los griegos y los británicos asaltan las posiciones de los búlgaros. Entonces ella, aprovechando otro silencio de su compañero, le recita la lista de los soldados enterrados en el Cementerio Militar Británico en Polykastro (ciudad conocida en el pasado como Karasouli, por los turcos) ubicada en las cercanías del lago (4). Ese detalle les consume el resto de la tarde. El Sol les da en la espalda mientras observan el agua de lago.

Compartir recuerdos es una práctica usual entre los pueblerinos, así se enriquecen. El panorama de la batalla se amplía con la unión de los dos testimonios. Ivanco, que así se llamaba el bisabuelo, ya no olvidará jamás el nombre de los soldados enterrados en el Cementerio Militar. Tampoco lo olvidará la bisnieta, que además conserva otros recuerdo, más frescos. Como le apasiona el fútbol acaba su relación recordando, aunque aún no había nacido, el primer partido internacional de Macedonia contra Eslovenia, de visita en Kranj el 13 de octubre de 1993, perdieron 4 a 1. El mejor resultado contra Liechtenstein, golearon 11 a 1. Eso sucedió en Vaduz también de visita, el 9 de septiembre de 1996. Y aunque quisiera olvidarlo, es inevitable, recuerda el peor resultado, fue contra Bélgica, locales, aún así perdieron 5 a 0 en Skopje, el 8 de junio de 1995, “jueves” enfatiza la niña.

Ahí, en ese pueblo macedonio, la gente se burla del Facebook, Twitter y de esa parafernalia de las redes sociales que ahora representan la metáfora del recuerdo perpetuo. Nadie necesita de las redes sociales. Ahí el recuerdo se “lleva en medio del pecho, como un tarugo de dolor”. Y muchos, o quizá todos, desearían tomar pastillas para el olvido.

(1)  Verbo sagrado según J. L. Borges.

(2)  En inglés Hyperthymestic Syndrome que viene de dos raíces griegas, hyper: excesivo y thymesis: recordar.

(3)  Existen varios pueblos pequeños en esa zona. Sospecho de algunos ubicados cerca del Lago Dojran.

(4)  Polykastro está a 25 kilómetros al sur oeste del lago Dojran. Pertenece a Grecia.

Felipe Ovares Barquero

Miércoles 27 de abril de 2011

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