Hijos del dolor

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Una llamada

Manuel finalizaba la minuciosa catalogación de sus fotografías cuando sonó el teléfono. Era la superiora de las Hermanas de La Caridad, las monjas del Hospital San Juan de Dios. La vocecilla tierna que tantas veces había escuchado los tres días anteriores le suplicó su presencia en seguida. Necesitaba una fotografía de dos niños aún no reclamados. Ella ya había coordinado con Otilio Ulate de La Tribuna para que al día siguiente la publicaran. “La van a poner en primera página” le dijo. Manuel Gómez Miralles observó la hora en el reloj de la pared. Calculó que el tranvía apenas le daría tiempo para cargar con la parafernalia fotográfica. Lo hizo. Descolgó y se colocó el sombrero. Cerró la media puerta y le echó llave. Su estudio estaba al lado del Teatro Variedades, en San José. De allí a la estación era un brinco. Al asomarse en la avenida vio el tranvía. Subió. Unos minutos después se encontraba con la hermana. Ella lo llevó al lugar donde dos niños miraban hacia el suelo.

Teatro Variedades 1922

El studio de Manuel Gómez Miralles junto al Teatro Variedades 1922

El fotógrafo colocó la cámara, pero no hubo manera, el par de niños no se interesaron por mirar hacia el foco. La pequeña no le quitaba la mirada al pie derecho del niño cubierto con una venda.

“La Tragedia los dejó sin habla” dijo la monja.

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En portada

Una fotografía con dos niños apareció en la primera página del diario La Tribuna el jueves 18 de marzo de 1926. Era la toma de Manuel Gómez Miralles, en aquellos tiempos él era uno de los pocos fotógrafos de Costa Rica. Para capturar la imagen con el rostro hacia el frente engañó a los niños. El encabezado de la crónica dice: “Los dos niños, sobrevivientes de la catástrofe del Virilla, cuyos padres no aparecen, ayer fueron trasladados a Alajuela”. Y continua así:

La tragedia que se cierne sobre estas dos cabecitas infantiles ha puesto una nueva sensación de amargura en el corazón de los costarricenses. Parece como si la fatalidad, no saciados sus feroces instintos de exterminio y de muerte, hubiera dejado a los dos niños en el mundo como una nueva y más cruel forma de tortura.

Llegaron al Hospital San Juan de Dios entre un montón de heridos, apretujados, manchadas de sangre las ropas humildes, muy abiertos los ojos llenos de espanto, a ratos llorosos y a ratos insensibles. El varón, de cuatro o cinco años, moreno pálido, pelo castaño oscuro, ojos negros, nariz corta, labios gruesos. Llegó descalzo y vestía pantalón azul de lana, camisa azul a rayas blancas, y tirantes. La niña, de dos o tres años, morena pálida, pelo castaño claro, nariz corta, gordita. También descalza y con una bata azul celeste. No parecen hermanos.

Sorprende que el niño, a su edad, no haya dicho una palabra. Cuando las Hermanas de la Caridad le hablan amorosamente, suelta a llorar. Le preguntan su nombre y no responde.

La chiquita no había forma de que se prestase a la fotografía. Lloraba y agitaba con desesperación los piececitos desnudos. Pero Gómez Miralles tuvo una idea. Solo una palabra podía fijar la atención semi inconsciente de la niña y el fotógrafo la dijo mientras señalaba el foco:

-¡Mamá!

La pequeña volvió a ver con presteza y la cámara fotográfica impresionó el pálido rostro infantil.

Las manchas de sangre acusan que estos seres inocentes han salido de allí, del puente trágico. Tal vez sangre de la madre…

Aquí está la fotografía para que sirviéndose de ella, todos puedan contribuir a averiguar cuáles han sido sus hogares deshechos de donde proceden. Ahora están en Alajuela. Las autoridades de aquella provincia vinieron ayer a llevárselos, porque Alajuela los reclama para cuidar de ellos con piadoso afecto.

Abel y Gladys Quesada Bravo, 1926

Abel y Gladys Quesada Bravo, 1926

Hágase un esfuerzo al servicio de estos niños. Que mañana, los dos hijos del dolor puedan saber siquiera cuál es el nombre que llevan, ya que hay tan escasas esperanzas de que vuelvan a sentir sobre su frente el calor del beso maternal, que hace pocos días les arrebató el destino, quizás para siempre.

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La búsqueda

La fotografía la tomó Manuel Gómez Miralles el martes 16, dos días después de la Tragedia del Virilla sucedida en la mañana del domingo 14 de marzo de 1926. Al pequeño Abel tan solo se le observa una herida en el pie derecho. La niña no parece convencida de que la mamá esté por allí. Ambos tienen una galleta en la mano, quizá fue parte del truco para hacerlos observar la cámara.

En el estudio de Manuel un joven, cada mañana, le dejaba el Diario de Costa Rica y La Tribuna. Ese día, jueves 18, no fue la excepción, le dio una ojeada a la portada de La Tribuna. En la mesa de trabajo acababa de catalogar la misma imagen: los huérfanos.

Al día siguiente, viernes 19 de marzo, Manuel leyó, en La Tribuna, este texto.

Los dos niños sobrevivientes de la catástrofe fueron identificados y recogidos por un tío.

Los pequeños son hermanos.

(Telegrama de Alajuela, Marzo, 18)

A Otilio Ulate

Hoy fueron recogidos por Moisés Bravo los dos niños desconocidos que resultaron ser hijos de Manuel Quesada (Arguedas) y Etelvina Delgado (el nombre correcto es Etelvina Bravo Cruz), vecinos del distrito de San José y quienes fallecieron en la catástrofe.

Moisés Bravo (Cruz) es tío carnal de los niños.

Afectísimo,

León Cortés

En seguida se nos dijo por teléfono de Alajuela que también se había presentado el señor Juan Bravo (Araya), abuelo de los niños.

Así, pues, los dos niños están ya entre los suyos, lo que celebra mucho LA TRIBUNA.

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Nombres

El nombre del niño es Abel Quesada Bravo, nació el 23 de febrero de 1923. El día de la Tragedia tenía 3 años y 19 días. El nombre de la niña es Gladys Quesada Bravo, la Northern Railway Company la reporta de 2 años. Etelvina Bravo Cruz, madre de los niños, de 28 años, murió en la Tragedia. También perdió la vida su esposo Manuel Quesada Arguedas de 60. Murió una recién nacida de ambos llamada Carmelina. Además falleció la madre de Etelvina llamada Juana Cruz Loría de 58 y su hermana María Paulina de 61. Rosa Bravo Cruz, hermana de Etelvina sobrevivió, pero el hijo de ella Daniel Bravo de 14 años murió. Una mujer llamada Gertrudis Cruz Loría fallecida no era hermana de ellas, aunque es muy probable que las uniera algún vínculo familiar. Se cuentan, entre las víctimas de la Tragedia del Virilla, varias personas de apellido Bravo y Cruz, probablemente viajaban juntas en el mismo vagón.

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Otra búsqueda

Sospecho que Abel Quesada Bravo aún vive, tiene 88 años y quizá, entre sus recuerdos en sepia, atesore la fotografía de Manuel Gómez Miralles.

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Estoy vivo, estoy bien y vivo en Abangares

Recién descubrí que Abel Quesada Bravo vive en Abangares. El tiempo y la paciencia del moho dañaron una copia de la fotografía que conservaban en la casa de Abel. Les prometí imprimirles una y llevárselas pronto.

Felipe Ovares Barquero

Jueves 1 de diciembre de 2011

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Visitamos a la familia de Abel, en Piedras Verdes de Abangares en marzo de 2012. Nos encontramos con la excelente noticia de que Abel disfruta de buena salud. Ese día no estaba en su casa, se encontraba visitando a un familiar en Upala. Conversamos con sus hijos a quienes les llevé la fotografía de La Tribuna. Unos día antes, por teléfono, Fredy, uno de sus hijos, me confesó que tenía imagen pero que se les dañó con el paso del tiempo. Les llevé varias copias.

Visita a los familiares de Abel Quesada Bravo

Visita a los familiares de Abel Quesada Bravo

Visita a los familiares de Abel Quesada Bravo

Visita a los familiares de Abel Quesada Bravo

Abel podría ser el único sobreviviente de la tragedia del Virilla.

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20 respuestas a Hijos del dolor

  1. Randall Monge dijo:

    Que Perfecto Trabajo!

  2. Marta Zamora dijo:

    Excelente trabajo, lo felicito!, soy domingueña y siempre escuché de las historias del
    Virilla. En Santo Domingo, todavía se encuentran algunos recuerdos.

  3. José Orlando Salas Moo dijo:

    Me gusto esta historia, pero me pongo a reflexionar que tan vulnerables estamos a vivir una tragedia igual o mayor a este drama de hace unos años, será que tantas regularizaciones y leyes, en el ámbito de vial, que se contradicen entre si y que ponemos cualquier excusa para evitarlas, nos garanticen protección a cualquier accidente tan grave. ¿Sera que ya superamos esas inseguridades, provocadas por imprudencias de las instituciones o por nuestra falta de conciencia? Y es que cada una de nuestras acciones afecta a todos los que están a nuestro alrededor.

  4. Ma. Fernanda Herrera L. dijo:

    Me gustó mucho el relato, sinceramente esa manera manera tan sutil de narrar cada evento hace que sea muy sencillo visualizar la historia en la mente. Ademas yo no conocía muchos detalles sobre esa tragedia, fue algo triste y ahora tengo una visión mas humanista al respecto.

  5. M° Fernanda Herrera dijo:

    Me gustó mucho el relato, sinceramente la forma de narrar cada evento de manera tan sutil hace que sea muy sencillo visualizar la historia en la mente, ademas yo desconocía muchos detalles acerca de esa tragedia, ahora tengo una visión mas sensible de lo que pasó.

  6. irina alvarez dijo:

    Mi padre que recién falleció (Juan Luis Alvarez Chacón – 89 años), también nos contaba la tragedia, tan traumatica y viva en el (como el primer día), cuando su padre don Joel Alvarez lo llevó porque le avisaron y se fue a ayudar a salvar personas y mi padre a penas llegó, se puso a llorar y no lo dejo hacer nada. Tenía solo 4 añitos.

  7. Cecilia Vargas dijo:

    Me encantó la forma en que narra los acontecimientos a partir de una fotografía. Ojalá pueda terminar de contarnos la historia con las vivencias de don Abel y de su hermana.

    Muchas gracias

  8. Karo Joseph dijo:

    Realmente hace poco, comprendí que los artistas dejan tras de si una parte de ellos con cada labor realizada y tu magistralmente permites a las personas trascender el momento y contextualizarlo de tal modo que la prosa se vive encarnecidamente. Mil felicitaciones.

  9. Ronald Duran dijo:

    Conmovedor este relato, que situación más dura, que hecho más doloroso para el alma del país tiene que haber sido esta tragedia. Muchas gracias por el trabajo de investigación y la pasión que ha puesto en revivir y recordarnos este trascendental hecho de nuestra historia.

  10. educhav dijo:

    Gracias…
    En dias donde la muerte y el dolor se han anexado frívolamente al transcurrir cotidiano, y la tragedia representada en los medios noticiosos es muchas veces digerida con malsana indiferencia, se rescata esta foto y este relato, plasmados en sepia, que nos inundan de sensibilidad y compromiso humano, tan carentes y necesarios en el periodismo actual…

  11. olman rivera dijo:

    muy identificado con el relato. mi abuelo. en paz descance era sobreviviente de la tragedia. tenia 8anos entonces y creci a la par de relatos una y otra vez de lo q habia vivido ese dia. el se llamaba Jorge Brenes Bermudez. vecino de heredia

  12. Raúl Saavedra dijo:

    Magnífico trabajo de investigación. Felicitaciones y Felices Pascuas.

  13. JORGE LUIS BALDI F. dijo:

    Que historia mas conmovedora, los felicito por este hermoso trabajo, bendiciones para Don Abel, y para ustedes.

  14. Freddy Chacon G. dijo:

    Linda historia la verdad, ese amor y sentimiento que no se ve hoy en dia. Gracias por tan bella historia.

  15. eduar dijo:

    Sin palabras,este relato me traslado a esa época. Saludos y gracias.

  16. lorena dijo:

    Me encanto la historia, ahora me intriga saber de Abel Quesada Bravo, donde esta? Espero la continuacion de esta sensible historia.

    Gracias,
    Lorena

  17. Ama dijo:

    Excelente Felipe!!… Espero una segunda parte después que le haya dejado la fotografía a Don Abel, y nos ponga una más actualizada de él, quizá una que otra remembranza de este sobreviviente.

  18. Natalia Sáenz dijo:

    Fantástica narración. Te sumerges en la historia de tal manera, que pareces haber tomado la fotografía de Abel y Gladys. Te felicito. Con cariño, Naty.

  19. Estimado Jaime:

    Tres palabras exactas: Ilusión, esperanza y fanatismo.

    Saludos,
    Felipe

  20. Jaime Delgado dijo:

    Como siempre, Felipe me agrada lo que escriben. Pero en este hay una especial sensibilidad humana que permite traernos, al presente, aquella tragedia y el dolor de tantos que, llevados por la ilusión, la esperanza y el fanatismo, calleron en el Virilla.

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