Aniversario de un San Juan

Una querida amiga me cuenta acerca de su devoción por un San Juan, como si los San Juanes fueran diferentes. “Éste lo es”, se confiesa, “está ubicado en la parte alta de la fachada de la Iglesia de San Isidro de Coronado, del lado sur. Ni siquiera necesito entrar a la iglesia, le rezo y le pido desde el parque”. Para verificar la autenticidad de su fe me muestra una fotografía de su San Juan. La lleva en la cartera, en el sitio privilegiado para los amores terrenales.

Lo que ella no sabe es que yo conozco a ese “Santo”, es real, recién cumplió ochenta años. Nació el sábado 7 de enero de 1933 en Guadalupe. Tiene nombre y apellidos, se trata de mi querido amigo el escultor Néstor Teodoro de la Trinidad Zeledón Guzmán. Lo bautizaron en la Parroquia de Guadalupe el 6 de marzo del mismo año. Hijo de Néstor Zeledón Varela y Hortensia Guzmán Serrano. Sobra agregar que mi amiga no creyó lo que le conté acerca del San Juan. Para disipar las dudas y darle un tratamiento material fuimos a visitarlo. Como requisito, le pedí que le tomara algunas fotografías a su San Juan, ojalá con un acercamiento del rostro. “La estampa milagrosa” que lleva en la cartera no es nítida y el santo está un poco lejos para mi gusto y mis propósitos.

Néstor tiene su casa – taller – museo en Barva de Heredia. Nos recibió como siempre, con un abrazo, una sonrisa “y pasen adelante”. “No será tan milagroso pero este caballero es el Santo de su devoción”, le dije a mi amiga. Y en algún momento de aquella tarde, entre mazos, gubias, burucha y aserrín, Néstor recordó la escultura, objetivo de nuestra visita, así: “Mi padre Néstor Zeledón Varela era escultor de arte religioso, hizo muy poco arte profano. En esa época el arte era prácticamente para dotar a las iglesias de efectos de culto. Entonces todos los santos tenían cara de santos. En los costados de la entrada principal de la iglesia de Coronado hay un grupo de ángeles, se esculpió uno y se copió varias veces. Ese trabajo lo hizo mi padre. Sobre la puerta principal los dos santos los hizo Don Manuel Zúñiga. Los cuatro que están sobre las puertas laterales los esculpí yo, son los evangelistas. Cuando hice a San Juan tuve un enorme problema, como no tenía un modelo me dibujé un auto retrato. Dudé varios días, pues aquello podría parecer una travesura, hasta que por fin tomé la decisión y lo esculpí como quería: con mi rostro. Deben observarlo, es una cara joven. En estos momentos no me parezco. Pero soy yo”. Entonces ella empezó a creer y cuando Néstor le mostró sus fotografías de juventud la duda acabó en una frase “Es cierto Don Néstor es el San Juan”. Aunque no es creyente su obra mantiene un coqueteo con la espiritualidad. Ese día nos obsequió un tour por las esculturas religiosas que conserva en su casa. Nos contó: “Esa relación viene desde mi juventud. Recuerdo que con un puño de pinceles y yeso estuve en Nicoya restaurando santos dañados por el terremoto del 5 de octubre de 1950. En Hojancha también reparé santos y en la iglesia de Filadelfia el cura me dijo que si había santos dañados pero no había plata para repararlos” y agrega, como para distanciarse del asunto: “Los santos son estereotipados, no dan oportunidad de crecer en cuanto a la creación artística”. Los ojos de mi amiga se abrieron incrédulos cuando Néstor nos contó: “en una ocasión cambié un santo por una marimba”.

La editorial de la Universidad de Costa Rica recién publicó un maravilloso libro acerca de la obra de este gran artista costarricense titulado “Pasión Escultórica. Néstor Zeledón Guzmán”, cuatro autores lo firman, entre ellos se destaca un amigo de siempre de Néstor el artista Gerardo Martí. Es un merecido homenaje que coincide con su ochenta aniversario. Viene engalanado con decenas de fotografías de sus dibujos, sus pinturas y sus esculturas. En la página 168 colocaron una fotografía del San Juan de la Iglesia de Coronado. En el pie se lee: San Juan, 1956, escultura en concreto, 190 cm de altura. Aunque no se observa en la imagen, la escultura tiene una aureola de cobre, sostiene un libro contra el pecho. Y, quisiera creer yo también, que las manos son las de Néstor, pequeñas y fuertes. Aunque el libro contiene varias anécdotas vivenciales no encontré, ignoro las razones, ninguna otra referencia al San Juan de la Iglesia de Coronado que vigila desde lo alto.

Hace unos días me llamó mi amiga para contarme que estuvo en una visita guiada en el Museo de Arte de Moderno, donde se muestran decenas de obras inéditas de Néstor Zeledón. Otro homenaje que junto al libro están decorando los ochenta años de una vida dedicada al arte. Orgullosa me dice que tiene una fotografía junto a Néstor que les tomaron en la entrada del Museo, allá en La Sabana. Me dice “Es la que llevo a ahora en mi cartera”.

 

Felipe Ovares Barquero

felipe_ovares@yahoo.com

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