En un bosque de la China

 

Especulo, no soy experto en el tema, que la exposición de las esculturas de Néstor Zeledón Guzmán, en cartelera en el museo de Arte Moderno desde noviembre de 2012 hasta marzo de 2013, ha sido la mejor en la historia de Costa Rica. Y para decorar ese extraordinario evento la editorial de la UCR publicó un libro titulado Pasión Escultórica: Néstor Zeledón Guzmán escrito por María E. Guardia Yglesias, Ileana Alvarado Venegas, Efraín Hernández Villalobos y mi querido amigo Gerardo Martí Roch. Fue una grata coincidencia. O quizá una sincronía calculada. Una conjunción de piedras cósmicas. El libro es un delicioso repaso por la vida y la obra del artista. Es para leer, para ojear, para admirar, para querer acariciarlo, para coleccionarlo como pieza emblemática. El formato es a dos columnas y tiene cientos de fotografías, bocetos, dibujos y por supuesto diferentes momentos de Néstor, según la época, en sepia o en colores. Se lo encargué a un primo. Lo compró en la librería de la UCR. Ya en la casa, debido al tamaño, no hallé un espacio entre los otros volúmenes y entonces lo dejé sobre el escritorio. Ahí está. Lo abro en una página cualquiera cuando se me antoja para disfrutarlo una y otra vez. En la 169 hay un San Juan tallado en 1956. Adorna, entre otros santos, la fachada de la iglesia de San Isidro de Coronado. Me contó Néstor que ese santo fue una travesura pues lo hizo con su rostro de cuando era joven. Ocupando toda la página 103 está la fotografía de la escultura Mundo-Hombre-Caída de 1967, guiño a al poeta Jorge Debravo, ubicada en medio de un bosquecillo fraudulento frente a la soda de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional. Me confesó Gerardo Martí: “el bosquecillo no es una pretensión de la naturaleza, lo sembraron a propósito para ocultar la obra que no fue del agrado de algún jurado o de alguna comisión de curadores empíricos”. En las páginas 70 y 71 Gerardo firma su autoría del Capítulo III. Lo inicia con una frase lapidaria, según se le analice: “A Néstor no se le ha considerado, hasta ahora, un artista exportable porque su trabajo es demasiado ‘tico’, ‘tradicionalista’, ‘folclorista’…”

Ahora, con el desaguisado de los Premios Nacionales, me pregunto por qué un libro tan fuera de serie en nuestro vergel pasó inadvertido entre los jurados y la crítica entendida. Se me ocurre que por alguna desatención burocrática no llegó a las manos de los señalados. Y tampoco llegó a sus oídos y a sus ojos la exposición de Néstor, quizá las apretadas agendas no hallaron una línea en blanco para anotar la cita, entre los más de tres meses que permaneció abierta al público. Dejar las Artes Plásticas sin Premios Nacionales con semejante muestra artística deja mucho espacio para la especulación. Se me ocurre un cambio de escenario, si la muestra de Néstor, “no exportable”, se hubiera realizado en un museo en algún bosque de la China, con el libro Pasión Escultórica traducido al chino medieval, al mongol, al tibetano, al uyghur y al chuang decimonónico, entonces nuestro pequeño país habría contratado un vuelo chárter para una respetable y considerable delegación, incluidos por supuesto, los jurados y las comisiones, algunos diputados, algunos presidentes ejecutivos, algún rector, algún decano, algunos ministros, todas y todos conocedores del arte, y la historia sería diferente. Y no me extrañaría que entre los viajeros se colara alguno de los precursores del bosquecillo de la UNA, estrenando vestido entero, zapatos Calderón y cámara con trípode para fotografiar los encantos de la China y quizá un par de obras de Néstor. Sus perfiles en las redes sociales darían pinceladas de su admiración de lo que se perdieron en el museo de la Sabana.

Hace unos días, cuando visité a Néstor allá en su finca, en Loma Bonita de Nicoya me dijo: “Mirá, yo tengo un Magón y tres Aquileos, no necesito otro. Pero, mirá, el libro es un trabajo extraordinario. Un Aquileo al libro hubiera sido un premio para Gerardo Martí, escritor, escultor, pintor, carpintero, maestro. Fue un artista completísimo. Se merecía eso y más. Fíjate, lo que son las ingratitudes de la vida, aquí queríamos recibir esa noticia y nos llaman para comunicarnos la muerte de Gerardo”.

Uno podría especular que a los políticos les incomoda el dinero destinado a los Premios Nacionales y una manera de manifestarlo es dejando ciertas áreas de la creatividad en el limbo. Este año fue la Plástica y el Teatro, el próximo le corresponderá a la literatura y a la pintura. Y así habrá un ahorro en las arcas del gobierno y en los bolsillos del pueblo. Con los treinta y cinco millones de dólares que le vamos a obsequiar a OAS, lobby incluido, por su lindo acento y su Pasión Escultórica admirable en la carretera hacia San Ramón, me pregunto: ¿Cuántos años de Premios Nacionales se presupuestarían?

Felipe Ovares Barquero

felipe_ovares@yahoo.com

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Una respuesta a En un bosque de la China

  1. Carlos Alexis Alvarado Barquero dijo:

    Me gustó que se detaque el trabajó y dedicación al artista costarricense Nestor Zeledón, amante de la comunidad de Santo Tomás de Santo Domingo, de la cual disfrutamos mucho de su arte mientras fue nuestro vecino.

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