Fotografías

 

Mi querida amiga Natalia quería una fotografía con Mafalda en San Telmo. Yo una en la esquina de las calles Jorge Luis Borges y Costa Rica en el barrio Palermo. Esa mañana cálida de diciembre de 2011 nos encaminados desde el hotel Dos Congresos hacia el primer objetivo. Luego en la tarde, en el metro, iríamos por el segundo. Cruzamos el parque frente al Congreso y nos enrumbamos por la Avenida de Mayo. Una paradita, con fotografía para ella, en el Café Tortoni, la Peña Literaria de Borges, entre Tacuarí y Piedras. Seguimos hasta la Plaza de Mayo. Más fotografías. Giramos hacia la izquierda para visitar la Catedral Metropolitana. En la Plaza un paseante nos descifra: “Son turistas” me pregunta. “Si”. Le respondo. Natalia no escucha. La veo frente a la Catedral. El hombre me cuenta: “Fui compañero de escuela de Humberto Maschio, que dirigió a Costa Rica hace muchos años. Soy hincha de Racing, La Academia”. Le respondo: “Si. Tengo un lejano de recuerdo de Maschio. Soy seguidor del Herediano”. Me despido. Paso la avenida Rivadavia. Frente a una de las columnas Natalia posa para otra imagen. Un cura es el fotógrafo. Ella es así, le habla a un muerto si es necesario. Me acerco. Él le devuelve la cámara y la bendice. Alcanzo a descifrar cinco palabras del Génesis: “trigo y vino en abundancia”. Da la vuelta. Nos miramos. Es un hombre apacible. No es un cura de pueblo, tiene otros aires. Me sonríe. Sigue. En la avenida lo esperan. Se mete en un Fiat 500 y desaparece. En ese momento tanteaba recordar si fue con Maschio aquella victoria contra México en el desaparecido estadio Nacional con un golazo de Fernando “El Príncipe” Hernández, entonces no atendí lo que ella me decía. Y me hablaba y me hablaba. Ahora, mientras ojeaba el mapa callejero, tan sólo se me ocurrió decirle: “Crucemos la Plaza de Mayo”. Necesitábamos llegar a la calle Defensa. Por allí nos encaminamos marcando las calles venideras: Adolfo Alsina, Moreno, me encantan cuando tienen nombres, avenida Belgrano. Parada con fotografía en la Iglesia de Santo Domingo y en el mausoleo de Belgrano. Continuamos, Venezuela, México. Internados en el barrio San Telmo. La siguiente calle es Chile, en esa esquina, los parroquianos dirían: “esquina Chile con Defensa o Defensa con Chile”, allí está Mafalda sentadita en una banca. Es el barrio de Quino. A Natalia, que va leyendo una guía turística, le toco el hombro y le señalo la escultura. No sabe qué hacer. Se sienta junto a ella, la abraza, la besa. Le tomé unas veinte fotografías. A mí me tomó dos: una abrazándola y en la otra estoy ojeando el callejero pues sigue una visita a Caminito, con parada en el estadio del Boca Junior en el barrio de la Boca.

Ahí sentado recuperé una pregunta: “¿A quién se me parece el cura fotógrafo? No obtuve la respuesta pero el hilo de la búsqueda quedó activado. Más fotografías en el estadio. Y otras, muchas más, en Caminito. Las casas de colores llamativos, la pareja bailando tangos, el fuego y el olor de los asados, los restaurantes con sus mesas en la calle, el falso Maradona con el 10 de la albiceleste que cobra por posar.

 Ese mismo día, a pesar del tránsito, nos pudimos colar en el Subte para ir al barrio Palermo. Nos bajamos en la estación de La Plaza Italia. Iba en busca de mi tercera fotografía. La primera fue junto a una escultura de Neruda en Valparaíso, la segunda con Mafalda. Allí está la calle Jorge Luis Borges, caminado hacia el Soho se encuentra con la calle Costa Rica, y en esa esquina sería el sitio de la imagen. Hay varias curiosidades en ese cruce, el negocio de la esquina se llama “Filippo Caffe Gelato”, la calle Costa Rica, al igual que nuestro país, alguna vez tuvo un tranvía. De aquel transporte solo queda la huella de los rieles resistiéndose al pavimento y al olvido.

En la noche, con las luces apagadas, en la cama, mirando hacia un imaginario cielo raso recupero la imagen del cura de la Catedral. Es un rostro reposado pero macilento, sigo sin ligarlo con el de algún conocido. En cambio podría jurarlo, si me lo piden, que fue con Maschio el gane a México 1 a 0 y la derrota posterior en el Azteca 3 a 1.

Catorce meses después, el 13 de marzo de 2013, al llegar a la casa de mi amigo Javier, quien atiende mi llamada en la puerta es su esposa. Me recibe con humo blanco, la noticia esperada: “Ya eligieron al Papa. Bendito sea Dios”. Le pregunto: “¿De dónde es?” Me responde: “Es argentino, imagínese”. Dos horas después frente al televisor de un pequeño restaurant observé el rostro del nuevo Papa. Al verlo pensé, se parece al Rafilla, un panadero de San Ramón, amigo de la infancia de mi padre.

Desde el teléfono le escribí un mensaje a Natalia: “La fotografía en la Catedral de Buenos Aires se la tomó el Papa Francisco 🙂 ” y le agregué una carita feliz.

Felipe Ovares Barquero

felipe_ovares@yahoo.com

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2 respuestas a Fotografías

  1. Vinicio Mora dijo:

    Gracias por el viaje!!!

  2. Amarillis dijo:

    Felipe, este es genial!!!

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